Inicio proyecto: 
01/01/2018
Fin proyecto: 
31/12/2020
Investigador principal: 
George Philippidis
Presupuesto: 
31.627 €
En el siglo XXI, los problemas del cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, el crecimiento demográfico y la degradación del medio ambiente, por nombrar sólo unos pocos, están planteando preguntas difíciles para los decisores políticos. Como actor político y económico significativo en el escenario mundial, la Unión Europea (UE) ha adoptado un papel proactivo en áreas relacionadas con la reducción de los gases de efecto invernadero (GEI), el uso de energía renovable, el "reverdecimiento" de su política agrícola y el desarrollo de una economía sostenible baja en carbono. Más recientemente, en 2012, la Comisión Europea (CE) lanzó su estrategia política (EC, 2012) por un modelo sostenible de crecimiento que podría reconciliar los objetivos de generación continuada de riqueza y empleo, con el uso sostenible de los recursos. Con este fin, el término ‘bioeconomía’ fue acuñado, el cual abarca "la producción de los recursos biológicos renovables y la conversión de estos recursos y los flujos de residuos en productos de valor añadido, tales como alimentos, piensos, productos y bioenergía de origen biológico" (EC, 2012, p.3). Por lo tanto, la producción de base biológica no sólo incluye la producción agrícola y de alimentos, sino que puede ampliarse para abarcar todas las actividades de valor añadido que emplean la materia orgánica de origen biológicamente renovable (por ejemplo, plantas, madera, residuos, desechos animales y municipales, etc.). En reconocimiento a la necesidad de mejorar el conocimiento de la bioeconomía y desarrollar prospectivas recomendaciones de política para enfrentar estos desafíos, el Gobierno Español puso en marcha su propia Estrategia de Bioeconomía 2030 (MEC, 2015).
 
Por desgracia, la bioeconomía se rige por políticas de la UE independientes (es decir, la política agrícola común, los mandatos de biocombustibles,…) que persiguen objetivos de política fragmentados, lo que puede conducir al problema de los conflictos políticos o compensaciones. Por ejemplo, fomentar el uso de la biomasa para energía puede afectar negativamente el secuestro de carbono y, por tanto, las emisiones de GEI. Del mismo modo, la aplicación de una estrategia de crecimiento sostenible y responsable (es decir, el mantenimiento de la biodiversidad, los paisajes culturales, las energías renovables) o la mayor apertura de los mercados a través del comercio, puede inducir límites a la generación de empleo en tiempos de post-crisis. En resumen, el principal desafío es el de la coherencia política.
 
Un análisis cuantitativo plausible de la actuación de la bioeconomía española debe captar, entre los sectores bioeconómicos y no-bioeconómicos, los usos competitivos de recursos, así como la amplia gama de usos de los productos de base biológica que contribuyen a la actividad económica general. Por otra parte, los límites macroeconómicos para el crecimiento de la bioeconomía en España, inducidos por cuestiones políticas y tecnológicas, son no sólo nacionales, sino que se extienden a las dimensiones pan-europea e incluso mundial. Por lo tanto, empleando técnicas vanguardistas, se emplea un marco de modelización multi-regional, en consonancia con el horizonte temporal 2030 de la Estrategia de Bioeconomía Español (MEC, 2015), para diseñar e implementar diferentes futuros para evaluar el impacto relativo de los factores determinantes en la bioeconomía española. La investigación evaluará cuantitativamente su capacidad para cumplir con un conjunto diverso de objetivos e identificar, en su caso, los posibles conflictos y las compensaciones de las políticas pertinentes.
 
Organismo financiador: 
INIA
Miembros del proyecto: 
Alfredo Mainar Causapé, Azucena Gracia Royo, Helena Resano, Edward Smeets, Helen Bartelings y Hans van Meijl. ...