Entrevista a Lucía Soriano, directora gerente del CITA en Diario de Teruel
 
Lucía Soriano (Madrid, 1977) es desde el 8 de octubre de 2019 la directora gerente del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA). La pandemia de coronavirus ha retrasado la formalización de los que serán los objetivos estratégicos de su mandato. Pero entre ellos figura hacer del Centro de Innovación en Bioeconomía Rural (CIBR) ubicado en Teruel un punto de encuentro estable y bien dotado para la generación de conocimiento, actividad empresarial y desarrollo ambiental y social.
 
-¿Qué balance hace de estos primeros 9 meses al frente del CITA?
-Me han tocado unos meses bastante complicados. Menos mal que soy una mujer valiente porque no ha sido fácil. Pero ante situaciones complicadas, hemos sabido aprovechar la oportunidad y trabajar en equipo. Se conoce mejor a la gente en condiciones complejas. El balance es muy positivo, aunque estoy agotada. Desde que me incorporé, las cosas han cambiado a mejor, se respira otro ambiente.
 
-¿En qué sentido?
-Sobre todo en clave de organización y comunicación interna; el sentimiento del trabajo en equipo ha mejorado bastante. Ahora hemos iniciado un proceso de reflexión para la elaboración de los objetivos estratégicos. Vamos a hacer un análisis sobre dónde estamos y dónde queremos ir como centro de investigación. También ha habido un cierto cambio en la transparencia y en la toma de decisiones de forma conjunta.
 
-¿Sobre qué base quiere asentar esos objetivos estratégicos?
-El punto de partida señalado por la dirección se ha contrastado con el comité científico y ahora con toda la plantilla. Deberían estar vigentes al término de 2020. Pero no me interesa tanto el documento como el proceso de reflexión interna para aprovechar la materia gris del personal de campo y de los investigadores. Las líneas, en clave de organización interna, pasan por una gestión económica y de personal más eficiente; y en clave externa, por un refuerzo de nuestra comunicación. El CITA realiza un trabajo excepcional y poco conocido, quizá más en el sector. Vamos a buscar la excelencia a nivel de investigación y transferencia. Y queremos internacionalizar nuestro trabajo. Participamos en proyectos europeos y hay que ir hacía allí. Hay que diversificar las fuentes de financiación, sobre todo en escenarios complicados, para tener más competitividad.
 
-¿Hasta qué punto ha condicionado la pandemia la actividad del CITA?
-Hemos tenido una capacidad de reacción bastante rápida. Las primeras semanas fueron críticas porque hubo que definir las actividades esenciales que necesitaban presencialidad. Una semana antes de la declaración del estado de alarma, hubo comisiones extraordinarias de los jefes de unidad y de área. Se definió cómo y cuándo tenían que acudir a las actividades esenciales. Al resto del personal investigador se le dotó de los equipamientos necesarios para el teletrabajo. Y de una semana para otra, estaba todo el mundo operativo. Estoy contenta y agradecida porque toda la plantilla ha remado en la misma dirección y ha trabajado mucho para que todo funcionara. Hubo un impacto pequeño en los servicios tecnológicos, pero los proyectos de investigación han seguido y se han retomado los análisis en laboratorio y fincas parar que no hubiera un frenazo.
 
-¿Cómo se encuentra el Centro de Innovación en Bioeconomía Rural instalado en Teruel (CIBR)?
-El confinamiento paró los procesos de contratación; hubo que parar todo y volver a lanzarlo y ahora la tramitación administrativa es más compleja. Hay 12 proyectos de investigación en el territorio que no han parado, que siguen en marcha. Hay 4 técnicos pero es necesaria más gente para dinamizar el centro y pasar de la estrategia a la acción.
 
-¿Hacía dónde debe orientarse?
-El CIBR es competencia del CITA, pero hay que dinamizarlo para que se sea un punto de encuentro de diferentes actores y para la generación de conocimiento, actividad empresarial, y desarrollo ambiental y social. No debe ser un centro satélite del CITA con investigadores de Zaragoza que vayan allí de vez en cuando. Para eso necesitamos un equipo que tome las riendas, que tenga el compromiso de quedarse y de arraigar en el territorio. Nuestra intención es conformarlo a lo largo de 2020. En paralelo, firmaremos convenios y buscaremos fuentes de financiación que lo conviertan en una apuesta solvente, robusta y estable. Toda la actividad del CITA y del CIBR va en la línea de la bioeconomía y la economía circular para dejar de ser tan dependientes de los combustibles fósiles y aprovechar los recursos biológicos. Y Teruel tiene mucho potencial en este área, tanto por el territorio como por los recursos on los que cuenta.
 
-Además, el CPIFP de San Blas está cerca de convertirse en un Centro de Referencia Nacional del área de gestión ambiental y bioeconomía circular…
-El CITA ya está colaborando con el centro de San Blas, que tiene fincas y alumnos formándose en estos temas, así que nuestras estrategias convergen plenamente. Nosotros aportamos investigación en bioeconomía y ellos el terreno y el personal de campo. Hemos mantenido varias reuniones para que nuestras sinergias confluyan porque el CPIFP de San Blas tiene que ser un actor clave en las actividades que hagamos en el CIBR.
 
-Los retrasos en las ejecuciones del Fite y en la firma de la anualidad de 2020, ¿afectan a las investigaciones del CITA que se financian por esta vía?
-Aunque estamos frente a un escenario de incertidumbre, no está comprometida la financiación. Fue un acierto de mi predecesor en el cargo, José Antonio Domínguez, negociar la plurianualidad. Esto nos aporta estabilidad presupuestaria también en el escenario en el que estamos. Además,tenemos una capacidad de ejecución envidiable en el momento en que se adjudiquen. No veo ningún riesgo.
 
-¿Hacia dónde deben dirigirse esos proyectos vinculados con el territorio?
-La agroalimentación es un sector esencial pero muy competitivo, en el que hay que saber marcar la diferencia. Por eso los proyectos pretenden poner en marcha estrategias de diferenciación, recuperación de variedades, sostenibilidad y búsqueda de mercados. Los productos locales, los circuitos cortos de comercialización, los mercados de proximidad y los productos agroecológicos presentan un valor añadido. Es lo que la sociedad pide.
 
-Pero, ¿están dispuestos a pagar su sobreprecio?
-Está demostrado por estudios, es decir, tenemos evidencia científica de que las personas están dispuestas a pagar más por productos de calidad y de la tierra. Además, hay una conciencia social muy fuerte sobre la necesidad de apoyar al sector más cercano. En este sentido, tenemos que ver lo positivo de la situación creada por la pandemia, que ha incrementado la solidaridad y la empatía. Y nosotros tenemos que apoyar al sector desde la innovación y el conocimiento y ayudarle a diseñar una estrategia de diferenciación que le permita posicionarse en el mercado.
 
-La transferencia de conocimiento al sector, ¿funciona?
-Ese es otro de los sectores estratégicos. La comunicación bidireccional con el sector es importantísima y es uno de nuestros valores. Uno de nuestros mayores potenciales y atractivos es que somos muy cercanos al sector. Hay que reforzar el proceso de participación externa para definir hacia dónde queremos ir. Las aportaciones del sector son imprescindibles para adaptarnos a que se espera de nosotros. La investigación aplicada de la mano del sector nos orienta hacia dónde tenemos que ir. Y como centro público, debemos ser de la máxima utilidad para establecer las políticas públicas del Gobierno de Aragón en el sector agroalimentario.
 
-La pandemia, ¿ha realzado la importancia de este sector?
-El sector agroalimentario es esencial y hay que potenciarlo, cuidarlo y protegerlo para que pueda seguir funcionando bien. También ha puesto de manifiesto la importancia de la investigación para prevenir y anticiparse a estas circunstancias. Nosotros trabajamos en zoonosis. Y ese esel mensaje que ahora queremos transmitir: el de la relevancia de la investigación para España y Aragón, no como elemento decorativo, sino para que podamos mantener la calidad de vida y prepararnos para situaciones tan complicadas como esta. La sociedad ha entendido que el coronavirus es solo una de las zoonosis que nos amenazan. Sin generar alarma, los investigadores lo venían anunciando desde hace 20 años. Este era uno de los riesgos identificados desde hace bastante tiempo en Aragón. Ahora tenemos que ser inteligentes y aprender de lo que nos ha pasado.
 
-La salud humana, animal y ambiental están íntimamente ligadas…
-La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reforzado el mensaje para trabajar en los próximos años en la salud global o One Health. La pandemia ha puesto negro sobre blanco que degradar el medio ambiente nos afecta. Aunque ya lo sabíamos, la pandemia lo ha dejado muy claro para la sociedad. Por eso se han reorientado las líneas de investigación para que todas aporten enese sentido. Trabajar por la salud pública es una estrategia inteligente y Aragón está bien posicionado. Debemos concentrar esfuerzos y explotar el potencial de investigación en One Health en Aragón.
 
-La investigación, a la que se había dado la espalda...
-Una de las conclusiones de esta crisis es que hay cosas, como la investigación, que se tienen que cuidar, potenciar y financiar. Hay que sacar una lectura clara desde el Gobierno de
Aragón y el conjunto de la sociedad de que los centros de investigación como el CITA son imprescindibles
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